Por qué la Web 2.0 no se convertirá nunca en los Medios 2.0

 

 

A. Piscitelli

 

 

Tecnología, comunicación y democracia

 

Cuando empezamos a meternos con el tema de la Web 2.0 creímos haber encontrado un Santo Grial. Los viejos (buenos) fantasmas de siempre parecían por fin conjurarse para retomar lo que había quedado trunco, y para brindarnos a los webnautas muchas de las herramientas a las que aspiramos alguna vez, pero que por embotellamiento tecnológico, por falta de masa crítica o por defasaje entre las curvas de adopción de los pioneros y su difusión masiva no habían logrado nunca cumplirse.

 

Además, en este caso se trataba de un sueño con proyecciones políticas más que claras. Porque desde comienzos de la modernidad, la democratización estuvo ligada al ensanchamiento de la esfera pública, al diseño de lectores y al consumo de noticias por parte de grupos cada vez más grandes de la población. Y la diferencia entre una sociedad informada y otra que no lo es, es que en las primeras –y los medios masivos siempre apuntaron a ello– las decisiones ciudadanas colectivas cada vez más podrían apuntar al interés general y no al particular.

 

Consiguientemente, cualquier tecnología que ayudase a diseminar noticias, a mejorar su calidad y a permitir su consumo cada vez más refinado y selectivo tendría –de por sí– que ser saludada con alegría, ya que supone una mejor de la calidad institucional de vida de los ciudadanos conocedores.

 

Por ello las promesas que la tecnología viene haciendo desde hace décadas de mejorar la producción y distribución de noticias, y que tiene en los diarios electrónicos personalizados su mejor encarnación, hace mucho que concita nuestra atención y nos lleva a hacernos muchas preguntas acerca de las ventajas de esta alianza entre tecnología y comunicación.

Como siempre habrá que determinar cuánto de verdadero y cuánto de imaginario hay en estos supuestos, pero lo que queda claro desde un comienzo es que si una herramienta es sofisticada y poderosa, pero la gente común y corriente no tiene acceso a ella, finalmente no sirve para nada

 

De la Web 2.0 a los Medios 2.0

 

Aunque la primera aparición pública del término Web 2.0 se produjo en la famosa conferencia de octubre del 2004 organizada por O'Reilly, recién en el 2005 vimos proliferar productos y servicios acotados sumamente poderosos en cuanto a personalización de la información, en cuanto a publicaciones en línea, en cuanto a apropiación del espacio virtual.

 

Obviamente el campo donde estas potencialidades aparecían más promisorias es el de la socialización de la información. Pero el problema (que pronto se extendería a todos los otros campos de aplicación) es que si los Medios 2.0 (personalizados, ubicuos, multimediales, selectivos, específicos, etc.) se basaran en las aplicaciones Web 2.0, estaríamos en graves problemas, porque los mismos (a pesar de su enorme poder) no podrán ser utilizados por la gente común y corriente.

 

Lo que pasa es que la Web 2.0 es una excelente plataforma para crear aplicaciones que vuelvan las tareas cotidianas cada vez más interesantes y productivas. Los ejemplos maravillosos de Google (búsqueda), eBay (vender/comprar), Amazon reseñas/ recomendaciones (de compra), y Flickr (organizar/compartir fotos) así lo demuestran.

 

marriedd lady Pero por lo que podemos ver la Web 2.0 no parece ser una buena plataforma para consumir medios. Como bien lo ilustra J.D.Lasica en el primer capítulo de Darknet. Hollywood's war against the digital generation, y como lo hemos apreciado en distintos campos a partir de la poderosa noción de postproducción y remixage permanente, no hay duda de que los medios fabricados por el consumidor y el control por parte de este del consumo mediático están entre los grandes logros del paradigma digital.

 

Lo bueno, si difícil, mucho menos bueno

 

El problema es que la gente promedio no tiene tiempo, ni ganas, ni muchas veces competencias, para generar sus propios contenidos y, además, está muy poco dispuesta a meterse en los meandros del filtrado de datos y de la selección personalizada de la información.

 

Si bien se viene hablando hasta el hartazgo del carácter revolucionario de los weblogs, al final la comunidad weblogger es mucho más autista y endogámica de lo que las noticias en los medios –en especial la autopromoción permanente que los propios webloggeros se hacen a sí mismos– dejan ver, y está a años luz de las preocupaciones y de los esfuerzos que la gente común está dispuesta a hacer cuando de consumir noticias se trata.

 

Por más que nos duela y nos sorprenda, no hay nada que indique que la nueva generación de provisión de información a través de feeds de RSS superfiltrados vaya a llegar alguna vez a la facilidad de uso que fue uno de los rasgos distintivos de los Medios 1.0 –televisión, radio y periódicos estáticos y unidireccionales–. Así como estamos convencidos (y también nos alegra) y reconocemos que los medios estáticos van camino al olvido, también somos conscientes de que la facilidad de uso que fue una de sus constantes desde que aparecieron a mediados del siglo XVIII es algo que está resultando muy difícil de emular.

 

Quienes (demasiado seducidos por el tecnomisticismo, pero bastante poco alertas a las barreras y resistencias culturales y cognitivas) creen que los poderes tecnológicos generan en forma lineal e irrestricta transformaciones epocales en las prácticas culturales, no entienden que las maravillas que nos prometen Digg (un sistema de calificación del valor de la información mediante votación democrática) o del.icio.us (el primero y más exitoso ejemplo de social bookmarking, o sistema para compartir favoritos) están poniendo una presión sobre la economía de la atención del usuario corriente que este difícilmente pueda soportar.


La facilidad de uso es el último baremo del éxito comunicativo

 

Para la mayoría de la gente el consumo de medios es tan sólo leer, hojear, alguna vez marcar o señalar, y a otra cosa. Ni siquiera la propia Wikipedia, con lo exitosa que viene siendo, escapa a este cuestionamiento de fondo. La mayoría de la gente no quiere opinar, no quiere escribir, no quiere publicar y probablemente tampoco quiera pensar, salvo en casos acotados, y les deja el trabajo a los otros. En este contexto imaginar una apropiación masiva y sistemática de las herramientas de la Web 2.0 por parte de los lectores de siempre es un error de apreciación notable.

 

Nuestra apreciación no es desmesurada. Proviene de comparar los sitios en los que las herramientas 2.0 exigen poco del usuario pero le dan mucho, como es el caso de Google, eBay o Flickr, con la inversa, como sucede en Digg. Una muestra de visitas combinadas entre ambos sitios es bien contundente. Y lo mismo sucede si comparamos a Flickr con del.icio.us (ver los excelentes gráficos en la nota Publishing 2.0 de Scott Karp, que ha servido de base para esta glosa).

 

Lo que pasa es que (igual que como sucede en el mundo real y, más aún, en el afectivo) tendemos a proyectar lo que creemos fácil y bueno para nosotros (que generalmente somos un subconjunto muy acotado de la población general) a lo que será el uso cotidiano de las herramientas por parte de la gente común y corriente.

 

Es evidente que para los webloggers como nosotros y nuestros amigos o contaminados por esas finezas, las herramientas de la Web 2.0 se presentan como un Santo Grial, y como una varita mágica que cambiará para siempre nuestra dieta informacional y cognitiva. ¿Pero qué solución son Digg, o del.icio.us para una persona cualquiera? ¿En vez de ser una solución no inventan un nuevo problema?

 

Cuando la información debe ser la solución y no el problema

 

Lo que el lector común quiere de los nuevos medios, como antes lo quiso de los viejos medios, es nada más y nada menos que una selección finita y un contrato acotados, justo la inversa de lo que queremos los “digerati” (litterati digitales). El lector común quiere atajos y recetas, quiere simplificación y síntesis y que otro lo haga por él.

 

O sea que eso que nos gusta tanto cuando hojeamos varias veces por día NetNewswire, ese agregado de weblogs clasificados por categorías que nos permite sacarle el jugo a la intoxicación que hay en la red, a un lector común no le sirve de nada. Porque lo que ellos quieren no es más agregación sino filtrado y síntesis.

 

Para distinguir lo cuantitativo de lo masivo sirve por ejemplo contrastar los pageviews propios de Flickr con las del enormemente exitoso Myspace.com.

 

Hay que hacerse permanentemente la pregunta que los fanáticos de la Web 2.0, y todavía más los defensores a ultranza de la Web 2.0, no se hacen: ¿qué problema resuelven estos sitios exitosos?, ¿por qué tanta gente los visita?

 

Y a poco que balicemos el fenómeno veremos que quienes trasiegan frenéticamente estos lugares no son los consumidores devotos de los medios, ni siquiera los idolatradores de la creación de contenido. Quienes se sumergen en estos sitios sólo quieren una cosa: socializar, confraternizar, interactuar, contactarse, sentirse parte de colectivos, formar comunidades.

Flaneurs de las ciudades virtuales

 

Como lo mostramos hace un tiempo (ver Epistemología de las marcas en la era de la incertidumbre. La generación arroba), un sitio como MySpace.com vuelve tecnológicamente transparente la actividad del flaneur: ver y ser visto, esta vez en el espacio virtual. Cada adolescente puede crearse su propio espacio vital, algo no muy fácil de conseguir por parte de los chicos analógicos de otrora, y bastante más accesible para los chicos digitales de hoy.

Quienes entienden de estas cosas saben que la promesa de los nuevos medios es mucho ruido y pocas nueces. Porque de lo que se trata es de resolver los problemas de la persona media con los medios fácilmente accesibles. El mismo tipo de problema que sitios como Google, MySpace, o eBay resolvieron en el caso de las personas promedio. Pero para eso no alcanzan todas las tecnologías del mundo, y sí en cambio deberíamos empezar a formularnos las preguntas correctas, para lo cual tenemos que estar dispuestos a escuchar a quienes las consideran como un auténtico problema. Habrá que volver sobre el tópico porque se lo merece.

 

 

Publicado en Educar (Argentina) el 3 de Marzo de 2006. Se reproduce por su valor informativo en Tribuna de los Medios el 10 de agosto de 2006.

 

 

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